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Por Hno. Daniel Pérez, OSB - 22 Diciembre, 2009
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La Comunidad Benedictina de Esquipulas fue fundada en 1959 por la Abadía de San José (Louissiana, EE.UU.), con el objetivo de atender a los miles y miles de peregrinos que visitan la Basílica de Santo Cristo de Esquipulas.
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La visión de Mons. Mariano Rossell y Arellano de tener una comunidad religiosa estable para atender el Santuario del Santo Cristo de Esquipulas; lo llevó, después de seria meditación a buscar, lo que consideraba era lo que este lugar elegido por Dios necesitaba. Mons. Rossell tenía conocimiento de los monjes benedictinos de la Abadía de San José, por eso tocó las puertas de dicho monasterio. Varios intentos hizo y rechazado varias veces, buscó en otros monasterios. Pero tampoco encontró respuesta a su petición. Decidió, entonces regresar y seguir tocando la puerta de la Abadía de San José. De nuevo, estaban listos para decir no; pero un monje anciano, Odilón Alt, tomando la palabra dijo: “Hermanos, pienso que si el prelado, ha insistido tantas veces, es porque Dios está llamando a nuestra puerta y si es el trabajo el que preocupa, yo ofrezco seguir en el mío y colaborar con otro aquí en nuestra abadía, con tal que algunos hermanos puedan aceptar este llamado”. Al escuchar estas palabras salidas del corazón de aquel anciano monje, los monjes de la Abadía de San José cambiaron de opinión y aprobaron la fundación de una Comunidad Benedictina en Esquipulas.
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Entre los monjes que querían hacer la experiencia de la fundación, fueron seleccionados tres: el P. Carlos Villeré, el P. Gregorio Robeau y el Hno. Luis Giangrosso. Aquellos tres hombres buenos y desprendidos fueron despedidos en la ceremonia hecha entre horas buenas y lágrimas de despedidas. Fueron cerradas las puertas de su monasterio en señal, que aquel viaje era sin retorno. En la imaginación todavía se ven los monjes viendo partir a sus hermanos, a la vez que se oye en el eco, el ruido de las puertas al cerrarse en señal de no retorno.
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Los llevaron al puerto de embarque, desde ahí partieron y navegaron sobre las aguas del Atlántico. El barco los condujo primero a un puerto en Honduras y finalmente a Puerto Barrios. De Puerto Barrios fueron conducidos hasta la ciudad Capital de Guatemala a la cual arribaron a finales del año 1958.
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En la Ciudad Capital pasaron algunos meses aclimatándose y aprendieron un poco de castellano. Transcurridos tres meses de su estancia en la Ciudad Capital, Mons. Rossell, consideró que ya estaban preparados para dar el siguiente paso.
El Hno. Luis Giangrosso, fue enviado unos días antes, para preparar la casa en la que iban a habitar y plantar el símbolo de lo que sería su entrega al pueblo al que llegaban, por eso ya estando en Esquipulas y encontrándose dentro de la Basílica del Santo Cristo de Esquipulas, buscó un lugar especial y ahí clavo una cruz hecha de cedro en los talleres de carpintería de la Abadía de san José.
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El 21 de marzo de 1959, los otros dos monjes: P. Carlos Villeré y P. Gregorio Robeau se hicieron presentes en lo que aquel entonces fuera todavía la Villa de Esquipulas y sin tanto preámbulo Mons. Rossell presentó al pueblo reunido a los tres primeros monjes benedictinos a los cuales nombraba encargados del cuidado pastoral de Santuario. “Espero, -dijo mons. Rossell- que el pueblo los atienda y los trate bien, que todos sean generosos con ellos, porque vienen a trabajar por ustedes y desde luego, a vivir la vida monástica”. Con este acontecimiento, hace más de cincuenta años, Mons. Rossell vio cumplido su sueño de tener una Comunidad Benedictina que atendiera pastoral y espiritualmente a los miles y miles de peregrinos que visitan la Basílica del Santo Cristo de Esquipulas.
Por Hno. Daniel Pérez, OSB - 22 Diciembre, 2009
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